sábado, 19 de abril de 2014

Confieso que he amado

Sí, ya sé lo que están pensando: este choro cara de shunsho tergiversó un título del gran Pablo Neruda (Confieso que he vivido), pero yo le veo más como un honor hacia el mismo.
De todas maneras, hoy tengo la intención de hablar del amor, un tema tan controversial como la libertad (y es que ambos pueden ser lo mismo), para empezar me gustaría preguntar: ¿qué es el amor? Dios libre a aquel que lo defina porque nadie ha podido establecer un significado universal para el amor (bendita subjetividad humana del siglo XXI). Mi teoría de esta confusión actual es que el amor no es un invento humano, sino una experiencia humana (y también animal, ¿por qué no? ), y al no ser una creación, no tiene definición concreta ni absoluta, entonces, el artículo presente viene dado desde mi experiencia relativa amorosa del amor.
Aparte de familiares y amigos, he amado sólo una vez a una chica, quien para cuestiones prácticas llamaremos desde ahora en adelante Gabriela.
¿Por dónde empezar? y es que podría hablar maravillas de esta señorita ... ¡ya sé! primero hablemos de sus ojos, aquella claridad que me hablaba de la verdad, su sonrisa, aquella simpática y sanadora curva que irradiaba bondad, y sus abrazos ... aquellos realizados por sus diminutos brazos que me daban a entender que todo iba a estar bien (y con ella, todo estaba bien).
¿Cómo sé que fue amor? Taita sabrá, tal vez fue sólo una emoción o una ilusión de encontrar en ella afecto perdido, sin embargo, yo prefiero creer que fue porque al verla sabía que ahí pertenecía mi corazón, al escucharla entendía que ante toda situación debía sacar por lo menos una sonrisa y una carcajada de esa boca, y al verle llorar, era mi obligación hacerla feliz, y sé que su felicidad por nada del mundo debía depender de mí, pero, sí en algo colaboré, si en algo pude ayudar a borrar esa tristeza, pude sentir que había cumplido mi buena misión.
Les comento que siempre fui un chico extremadamente exigente en cuestiones de gusto, si veía un mínimo desliz en la personalidad de alguien, ella dejaba de atraerme, además, no olvidemos de mi timidez juvenil, estos dos factores me impidieron que tenga novia durante casi toda mi etapa colegial (ya sé, siempre era incómodo cuando me preguntaban sobre mi primer beso). Pero cuando conocí a Gabriela, ella era es una belleza, en todo el sentido de la palabra, era es el sentimiento de que una gota de lluvia caiga en tu frente después de una larga temporada de sol, de llegar a tu destino después de muchas horas de viajar sentado, de que un profesor se porte generoso contigo en una calificación aún sabiendo que no la merecías, de recibir justo el regalo perfecto que querías para Navidad, en fin, un alivio para mi alma; ella fue la que rompió mis dos factores anti novias, es decir, en ella encontré una persona sin desliz (casi perfecta), y ella fue quien quebró mi timidez para poder declararme sin miedo al rechazo, pues el intento valía toda la pena posible.
Es cuando compartí una tarde con ella (de esos momentos en los que sabes que tienes que demostrar lo mejor de ti para impresionarla) cuando me di cuenta de que Gabriela tenía que ser mi novia, y cuando lloré por ella (celos inútiles) que me di cuenta de que tenía que ser mi novia ya (al parecer no fueron tan inútiles esos celos).  El día de mi confesión de amor tuvo dificultades, pero cuando algo tiene que darse, se da por lo menos de las maneras en las que no planificamos, y esto resulta hermoso, aún recuerdo los nervios prematuros y las respiraciones fuertes, pero más viene a mi memoria su perfume cuyo olor me encantó sólo por el hecho de que venía de ella, su presencia que me hizo reflexionar: espero que esta hermosura me diga que sí, y su voz que confirmó mi decisión de que ella era la indicada.
No sé si haya menores de edad leyendo esto, así que me contengo de contarles los detalles de dicha ocasión ... jaja estoy bromeando, el primer día de novios la besé y para serles sincero yo esperaba algo más mágico, más ... de películas, aunque no les voy a negar de que sí fue especial porque fue mi primer beso con ella (agradezco a Dios de que haya sido con ella), pero a lo largo del tiempo sus besos fueron tomando un toque mágico, un toque ... de películas, no por la experiencia del beso, sino porque sabía que le estaba besando a ella, a aquella chica que amaba, y pues sí, no la amaba por sus besos, la besaba porque la amaba.
Todo nuestro relato de romance parecería tan insignificante si les comenzara a contar, pero fueron aquellos pequeños detalles como cogerle de la mano, besarla bajo la lluvia, decirle que le amaba por teléfono en horas de madrugada, pelear por tonterías en horas de madrugada, salir corriendo del colegio para alcanzar a verle a tiempo, verla sentada cada viernes leyendo un libro en el rincón de su colegio mientras me esperaba, sentir que no tenía necesidad de ver a otras chicas, disfrutar el silencio a lado de ella, o simplemente hablar de nuestra futura boda fueron  los que hicieron de nuestra historia la mejor de mi vida. Si les contara cada crónica que compartimos, este artículo les cansaría de leer, mas a mi no me cansa de recordar.
Creo que en algún punto de mi vida hubiera muerto internamente si no hubiese conocido a Gabriela, pues ella me salvó: de mí, de mis demonios y de mi soledad. Ella fue la única que me encontraba cuando estaba perdido. Aún recuerdo todos esos intentos que ella hizo para hacerme sentir mejor, tal vez, no los valoré como debía. 
Es aquí donde viene mi confesión, yo no merecía una chica como ella, ella merecía un chico más fuerte, más inteligente, que siempre hubiese ido detrás de ella para no dejar que se vaya, es más, alguien que nunca le hubiese dado motivos para irse, alguien ... que no era yo. Es verdad, la dejé ir, pero con todo mi corazón, confieso que he amado.


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